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Durante siete años, Cresencia Griselda Fernández Cruseta trabajó de doméstica en España y no dejó de jugar. No compraba ella el boleto: llamaba a su padre, en República Dominicana, y le pedía que se lo jugara los miércoles y los sábados, que son los días del Loto de Leidsa. Así, por teléfono, semana tras semana.
Este martes le entregaron el cheque. Veintisiete millones de pesos. Tiene 60 años, dijo que no vuelve a trabajar en España y que se regresa al país. Y cuando le preguntaron qué iba a hacer con el dinero, contestó primero por sus padres: darles todo lo que siempre quiso darles.
Hasta ahí la noticia, que salió en toda la prensa. Lo que casi nadie cuenta es lo que viene después, y es justamente lo que la gente pregunta cuando lee una historia como esta.
Ella es la 505
Leidsa la presentó como la ganadora número 505 del Loto. Ese número dice más de lo que parece: son quinientas y pico de personas en toda la historia del juego, en un país donde se juega todos los miércoles y todos los sábados desde hace décadas. Ganarse el Loto no es raro de vez en cuando. Es raro siempre.
Conviene tenerlo presente justo cuando uno acaba de leer una historia bonita, porque es cuando más ganas dan de correr a la banca. Cada sorteo empieza de cero y no tiene memoria de los anteriores.
El cheque nunca es del tamaño del titular
Aquí está lo que ningún periódico explica. En República Dominicana, los premios de los lotos no pagan la misma escala que los de las bancas. Los de las bancas van por tramos, y por debajo de cierto monto no se les retiene nada. Los lotos, no: pagan 25% fijo y definitivo, sobre el premio completo, sin tramos ni excepciones.
Sobre veintisiete millones, ese 25% son 6,750,000 pesos. Lo que queda son 20,250,000. Sigue siendo una fortuna, pero es casi siete millones menos que la cifra del titular, y esa diferencia es la que sorprende a la gente que se gana algo grande y llega esperando el número que leyó en el periódico.
Es el error más repetido que se ve por ahí: meter las bancas y los lotos en el mismo saco. No son lo mismo y no se les descuenta igual. La escala completa, con la ley y el aviso oficial que la sostienen, está en impuestos a los premios de lotería, y si quieres verlo con tus propios números hay una calculadora.
Lo de jugar desde afuera
En la entrega, el director de Sorteos de Leidsa, Manuel Abreu, aprovechó para recordar que hoy se puede jugar en línea desde el extranjero. Vale la pena separar las dos cosas, porque en esta historia se están mezclando: ella no jugó en línea. Ella hizo lo de siempre, lo que hace medio país con un familiar afuera — pedirle a alguien de aquí que se lo juegue.
Que la otra vía exista es noticia aparte, y no es poca cosa para el dominicano de afuera. Pero la de ella es la de toda la vida: una llamada, un encargo, y un padre que fue a la banca los miércoles y los sábados durante siete años.
Y si te pasa a ti
Lo primero es lo aburrido y lo que más gente pierde: el boleto original. Sin él no hay premio, y no hay reclamo que valga. Guárdalo como se guarda un documento, no como se guarda un papelito.
Lo segundo es que los premios grandes no se cobran en la banca de la esquina. Los pequeños sí; los de verdad hay que ir a buscarlos, con el boleto y con la cédula, y no se pagan el mismo día. Qué se cobra dónde, qué documentos llevar y cuánto tarda cada cosa está explicado en cómo cobrar tu premio.
Y lo tercero, que no lo dice ninguna ley: los premios tienen fecha de vencimiento. La cantidad de boletos ganadores que se pierden porque alguien los dejó en una gaveta no la publica nadie, pero cualquiera que trabaje en esto te lo cuenta.
Los resultados del Loto de cada miércoles y cada sábado, con el historial completo, están en la página del Loto de Leidsa.
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