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Los doce signos del zodiaco

Sus fechas, el mito de cada símbolo y su constelación en el cielo.

Qué vas a encontrar en cada signo

De cada uno hay una ficha con el mito griego o babilonio que hay detrás de su símbolo, su constelación con las estrellas que se le ven desde el Caribe, lo que la tradición astrológica le atribuye —y también lo que le señala de difícil, que casi nunca se cuenta— y las fuentes de donde salió cada dato.

El dato que casi ningún sitio cuenta

Las fechas del zodiaco se repartieron hace unos dos mil años y desde entonces no se han tocado. El cielo sí se movió: el eje de la Tierra da un bamboleo lento que corre las estrellas un grado cada 72 años. Resultado: cuando la tradición dice que el Sol está en tu signo, el Sol está casi siempre en el anterior. En la ficha de cada signo están las fechas en que el Sol pasa de verdad por delante de su constelación, según los límites que trazó la Unión Astronómica Internacional.

Hay una constelación más, además: Ofiuco. El Sol pasa por delante de ella cada año, entre finales de noviembre y mediados de diciembre, y nunca fue signo del zodiaco.

La Luna esta noche

Y ya que miramos al cielo, esto sí cambia todos los días y se puede comprobar saliendo al patio: la Luna está en Gibosa menguante .

Qué es esto y qué no es

Esto es folclore y algo de historia del cielo. La astrología es una creencia con miles de años encima y vale la pena conocerla por lo que es: aquí se cuenta lo que dice la tradición, no lo que le va a pasar a nadie. No hay predicciones, no hay consejos del día y no hay números de la suerte.

Si lo que buscabas eran números, los de las loterías dominicanas están en la portada y en las estadísticas: esos son los que salieron de verdad, con su fecha y su sorteo. Y si te interesa el otro lado del folclore dominicano, la tabla de los sueños está en Sueños.

Antes del periódico, una tablilla de barro

La tía que lee su signo en el celular antes del café está repitiendo un gesto que tiene más de dos mil años. El horóscopo no nació en una revista. Nació en Mesopotamia, y lo primero que se sabe de él está escrito con cuña sobre barro.

Alexander Jones lo cuenta en un artículo de la revista Archaeology Odyssey, del año 2000, que hoy guarda el archivo de la Universidad de Nueva York: desde la década de 1880 han aparecido unas 30 tablillas babilónicas con horóscopos, y la mayoría se pudo estudiar a fondo gracias a la edición que publicó Francesca Rochberg en 1998. Mucho antes, los adivinos de los reyes babilonios ya leían el cielo, pero lo que buscaban eran presagios, como los eclipses. El horóscopo de una persona cualquiera llegó después, cuando los persas ya habían conquistado Mesopotamia.

Una de esas tablillas, guardada en el Museo Británico y de apenas unos cinco centímetros de ancho, empieza con un nombre y una fecha: el hijo de Tar-sa-mu-ku-us, nacido el 1 de septiembre del año 288 antes de Cristo.

El primer Aries fue un jornalero

Los babilonios ya repartían la franja del cielo por donde pasan la Luna y los planetas en doce partes iguales, y a cada parte la dividían en 30 unidades más pequeñas, que son nuestros grados. Le pusieron a cada parte el nombre de la constelación que más o menos le quedaba encima. Lo que hoy es Aries se llamaba el Jornalero. Tauro era el Toro del Cielo, Géminis los Grandes Gemelos y Cáncer el Cangrejo.

Y las predicciones eran cortas. Casi todas las tablillas traen solo la fecha y la posición de los astros; las pocas que se atreven a decir algo hablan de cosas como que sus días serán largos o que tendrá hijos.

Por qué se llama horóscopo

Los griegos aprendieron el oficio de los babilonios. De la Antigüedad se conservan unos 200 horóscopos griegos, la mayoría en papiros de Egipto, y los más viejos son de finales del siglo I antes de Cristo. Ellos le agregaron una pieza que los babilonios no usaban: el horoskopos, «el que vigila la hora», que era el punto del zodiaco que iba saliendo por el horizonte del este en el momento exacto del nacimiento. De esa pieza viene el nombre de todo lo demás.

Lo de cardinal, fijo y mutable lo explicó Ptolomeo

Claudio Ptolomeo, que vivió en Alejandría o en sus alrededores más o menos entre los años 100 y 178, escribió el Tetrabiblos, un libro que se siguió copiando y traduciendo durante siglos: al árabe en el siglo IX, al latín en 1138. En el capítulo once separa los signos en grupos de cuatro. Aries y Libra son los equinocciales, porque cuando el Sol entra en ellos la noche dura lo mismo que el día; Cáncer y Capricornio son los solsticiales. Tauro, Leo, Escorpio y Acuario los llama sólidos, porque el tiempo de la estación «nos toca con más firmeza». Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis, que quedan en medio de los otros, son los bicorpóreos. Son los mismos grupos que hoy se marcan como cardinales, fijos y mutables.

Más adelante reparte los doce en cuatro triángulos de tres signos, el primero con Aries, Leo y Sagitario. Ptolomeo los explicaba con planetas y vientos; la tradición de hoy les dice fuego, tierra, aire y agua.

Lo que dice la ciencia

La NASA lo pone sin rodeos en su sitio educativo: la astrología no es astronomía. La astronomía estudia el espacio con evidencia y datos; la astrología parte de la creencia de que la posición de ciertas estrellas y planetas describe a una persona o anuncia su futuro, y sus afirmaciones no se apoyan en evidencia científica. Hoy hay 88 constelaciones reconocidas de manera oficial, y ninguna decide cómo te va a ir el martes.

Por eso aquí el horóscopo se cuenta como lo que es: una tradición vieja y curiosa, para leerla con gusto y sin dejar que decida nada.