Masacre de 1937: lo que pasó en la frontera en octubre

Jueves 22 de octubre de 2026

Portada sobria de Orejita con la pregunta qué pasó en la frontera en octubre de 1937, sobre la masacre de haitianos y dominicanos de origen haitiano

Hay temas que en la casa se tocaban bajito, o no se tocaban. La matanza de haitianos de octubre de 1937 es uno de ellos. Muchos la conocen por una sola palabra, «perejil», y por el nombre que se le dio a la operación, «el corte». Este artículo cuenta lo que establecen los historiadores que la han estudiado con documentos y testimonios, sin adornos y con el respeto que merecen las víctimas, gente de todas las edades y muchos nacidos de este lado de la raya.

La frontera de antes de 1937

Para entender lo que se rompió hay que ver cómo era la frontera. El historiador Richard Lee Turits, en un estudio publicado en la Hispanic American Historical Review en 2002 y resumido en español en la revista Estudios Sociales en 2003, describe un mundo mezclado. En la zona noroeste, lo que hoy son Monte Cristi, Dajabón, Santiago Rodríguez y el norte de Elías Piña, dominicanos y haitianos vivían lado a lado, cruzaban la raya para ver a la familia o ir al mercado, y el creole se oía por todas partes. Muchas familias de origen haitiano llevaban allí generaciones.

Las relaciones entre los dos gobiernos estaban en su mejor momento. Según el investigador Edward Paulino, en 1935 los dos países firmaron tratados para fijar la frontera, y Turits recoge que en 1936 la prensa reportó la visita de Trujillo a Haití en un ambiente de hermandad. Nada anunciaba lo que venía.

Los días del corte

El historiador Rafael Darío Herrera, en el capítulo que escribió para la Historia general del pueblo dominicano de la Academia Dominicana de la Historia, reconstruye la secuencia con documentos del Ejército:

  • Agosto de 1937: Trujillo recorre la frontera con un grupo de estudiantes vestidos de militar. El pretexto que se usará después es el robo de ganado.
  • 28 de septiembre: empieza la matanza en la región Norte.
  • 2 de octubre: en un discurso en Dajabón, Trujillo acusa a los haitianos de robar ganado y lanza una amenaza de muerte.
  • 8 de octubre: tras una reunión de Trujillo con el ministro de Haití, la matanza masiva se detiene. Herrera calcula nueve días.

Turits la resume en una semana. Las armas fueron sobre todo machetes y otras armas blancas, y Herrera explica la razón: se buscaba que pareciera obra de campesinos dominicanos. Las escopetas se usaron para los que huían. Turits añade que fueron autoridades locales las que señalaron a los soldados dónde vivían los «haitianos», sin importar dónde habían nacido.

Aquí las fuentes no coinciden en un punto delicado. Herrera documenta civiles pagados que acompañaron a los soldados, y Paulino habla de civiles reclutados. Turits, en cambio, sostiene que los testigos y la mayoría de los documentos rara vez mencionan a civiles en los asesinatos, y que la población dominicana de la zona quedó paralizada ante una campaña militar dirigida en gran parte contra sus propios ciudadanos.

Hubo una excepción que dice mucho: en los bateyes de los ingenios azucareros, donde vivía buena parte de la población haitiana del país, no se tocó a nadie. Herrera lo atribuye al temor de Trujillo a chocar con la legación de Estados Unidos y con las empresas de ese país.

La prueba del perejil

La historia más contada es que los soldados obligaban a decir «perejil» y que quien no pronunciaba bien la erre era tomado por haitiano. Turits explica de dónde salió: los guardias de la zona ya usaban la pronunciación de esa letra para decidir quién debía pagar el impuesto de inmigración, porque muchos no tenían acta de nacimiento.

Pero en 1937 la prueba era, según Turits, un pretexto. Los de origen haitiano criados en la frontera pronunciaban esa palabra igual que sus vecinos dominicanos. Los sobrevivientes que entrevistó en 1988 contaron que los soldados se burlaban de ellos y que no importaba lo bien que la dijeran.

¿Cuántos fueron?

Nadie lo sabe con exactitud, y es honesto decirlo. Muchos cuerpos fueron quemados o enterrados en fosas comunes. Herrera reúne las cifras que se han dado:

  • El diplomático haitiano Georges Léger habló de entre 3,000 y 5,000.
  • El presidente haitiano Sténio Vincent dio 8,000.
  • The New York Times estimó 12,000 en octubre de 1937.
  • Turits llega a unas 15,000, a partir de cálculos de un misionero católico, y anota que la cifra que se repite en el país es 17,000.
  • Herrera, siguiendo al historiador Bernardo Vega y el censo de 1935, considera más cercana una cifra de entre 4,000 y 6,000.

La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, en su estudio de país, habla de entre 5,000 y 12,000. Lo que todas las fuentes aceptan es que fueron miles.

Los que dijeron que no

En medio del horror hubo gente que protegió. Herrera recoge que muchas familias dominicanas escondieron a niños haitianos, y que doña Emilia Jimenes, en Monte Cristi, consiguió permiso para llevar a Haití a más de sesenta personas que trabajaban con ella. También documenta que soldados que se negaron a cumplir la orden fueron fusilados, casos que el régimen se encargó de tapar.

Si eres de la zona, en Orejita tienes el clima de Dajabón, de Monte Cristi y de Santiago Rodríguez, las provincias donde ocurrió casi todo.

Lo que vino después

El 15 de octubre de 1937, el Gobierno dominicano y el ministro haitiano firmaron una declaración que hablaba de «algunos incidentes» en la frontera, según Herrera. Haití llegó a pedir una indemnización de 1.5 millones de dólares. Con la mediación del nuncio apostólico, el acuerdo final se firmó en Washington el 31 de enero de 1938: 750,000 dólares, según los documentos diplomáticos de Estados Unidos. En febrero de 1938 se pagó la primera cuota.

Paulino escribe que ni Trujillo ni ningún alto funcionario fue castigado nunca por este crimen. Él, hijo de dominicanos en Nueva York, cuenta que creció sin que nadie le hablara de esto, ni en la escuela ni en la casa. Desde 2012, un colectivo que él ayudó a fundar, Border of Lights, hace cada año una vigilia con velas que sale de Dajabón hacia el puesto fronterizo, para recordar a las víctimas.

Fuentes: Richard Lee Turits, «Un mundo destruido, una nación impuesta: la masacre haitiana de 1937», Estudios Sociales, núm. 133 (2003) · Rafael Darío Herrera, «La matanza de haitianos de 1937», Historia general del pueblo dominicano, tomo V, págs. 303-335 · Edward Paulino, «Bearing Witness to a Modern Genocide», Berkeley Review of Latin American Studies (2016) · Oficina del Historiador de EE. UU., Foreign Relations 1938, protocolo del 31 de enero · FRUS 1938, demandas haitianas · FRUS 1938, primer pago · Biblioteca del Congreso de EE. UU., Dominican Republic and Haiti: Country Studies (2001)

Por Rafael Vásquez (Percha)

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