Anacaona: la cacica de Jaragua y su muerte en 1503 o 1504

Sábado 17 de octubre de 2026

Portada azul de Orejita con la pregunta si Anacaona era poeta o es leyenda, sobre la cacica taína de Jaragua

De Anacaona se dicen muchas cosas bonitas y algunas que nadie puede probar. Que se llamaba Flor de Oro, que componía poemas, que antes de morir recitó unos versos. Aquí vamos a separar lo que cuentan los cronistas que la conocieron o hablaron con quienes la conocieron, de lo que fue agregando la tradición. Lo que queda en pie alcanza para entender por qué su nombre sigue vivo más de quinientos años después.

Quién era, según los que escribieron de ella

El historiador Luis Arranz Márquez, en su biografía para la Real Academia de la Historia de España, calcula que nació hacia 1460 en La Española. Estuvo casada con Caonabo, el cacique de la Maguana, y era hermana de Behechío, el cacique de Jaragua, la región del oeste de la isla. Cuando Caonabo cayó preso de los españoles, ella se fue a vivir con su hermano y llegó a tener mucha influencia en su gobierno.

Bartolomé de las Casas la describió como una mujer muy notable, prudente y graciosa en su manera de hablar. Pedro Mártir de Anglería, que según Arranz Márquez escribía con muy buena información, la pintó como cortés y prudentísima, y añadió que había convencido a su hermano de tratar bien a los cristianos, escarmentado por lo que le pasó a su marido.

Las Casas dejó otro dato que sirve para imaginar el lugar. En su Brevísima relación de 1552 escribió que Jaragua era como el meollo de la isla y que su gente aventajaba a la de los otros reinos en la lengua y en el hablar pulido.

El tributo de Jaragua: negociar en vez de pelear

Después de fundar la ciudad de Santo Domingo, Bartolomé Colón, hermano del Almirante, marchó con tropas hacia Jaragua para imponer el tributo en oro que ya pagaban otros caciques. Según Arranz Márquez, Behechío, aconsejado por Anacaona, no lo enfrentó. Reconoció la soberanía de los Reyes Católicos y se comprometió a pagar con lo que daba su tierra: algodón, pan de cazabe, maíz, hutías y pescado. Fue tanto lo que entregaron que Bartolomé tuvo que fletar una carabela para llevárselo.

Años después, Jaragua se convirtió en refugio de los españoles rebeldes de Francisco Roldán, que se alzaron contra los Colón y vivían allí como caciques blancos, cada uno con indios repartidos. Ese detalle pesa en lo que vino después.

Areítos y poesía: lo que sí y lo que no está escrito

Gonzalo Fernández de Oviedo, en su Historia general y natural de las Indias, cuenta que durante el gobierno de Nicolás de Ovando se hizo un areíto delante de Anacaona en el que bailaron más de trescientas doncellas, todas de su casa. Oviedo explica que el areíto era bailar cantando, y que en esos cantos los taínos guardaban la memoria de sus caciques y sus guerras, en lugar de libros.

Que Anacaona fuera poeta es lo que repite la tradición, y no es descabellado, porque cada areíto tenía un guía que llevaba el canto. Pero ningún cronista que consulté conserva un verso suyo, y los que circulan en internet como sus últimas palabras no traen fuente. Conviene decirlo así en una tarea.

Y un aviso sobre Oviedo: no le tenía simpatía. En otro capítulo la compara con Semíramis, la reina asiria, y la llama disoluta. Es el mismo cronista que cuenta su muerte como un acto de justicia, así que hay que leerlo sabiendo de qué lado escribía.

La visita de Ovando a Jaragua

Nicolás de Ovando fue nombrado gobernador en 1501. Según Arranz Márquez, quiso pacificar los cacicazgos de Higüey y Jaragua, este último gobernado ya por Anacaona tras la muerte de Behechío y lleno de roldanistas. Anacaona reunió a muchos caciques de la zona y lo recibió con bailes y fiestas, igual que antes a Bartolomé Colón.

Lo que pasó después lo cuentan los tres cronistas con números distintos:

  • Oviedo escribe que el gobernador fue con setenta de a caballo y doscientos peones, convencido de que en Jaragua se preparaba una traición. Un domingo organizó un juego de cañas, reunió a los caciques en la posada, los hizo atar y los quemaron dentro de un bohío, más de cuarenta según él.
  • Las Casas habla de sesenta de a caballo y trescientos de a pie, de unos trescientos señores convocados, de los principales quemados en una casa de paja y de los demás muertos a lanza y espada.
  • Diego Méndez, que estuvo presente, dejó escrito que murieron ochenta y cuatro caciques, según recoge Arranz Márquez.

Arranz Márquez, que no es un historiador dado a los adjetivos, califica lo hecho por Ovando como uno de los actos más inexplicables y crueles de su gobierno. Añade que la reina Isabel, al saberlo, lo sintió mucho.

Su muerte: 1503 o 1504

A Anacaona no la mataron ese día. La apresaron y obligaron a algunos caciques a declarar que ella los había empujado a atacar a los españoles. Oviedo dice que la mandaron ahorcar tres meses después. Las Casas resume el final en una frase que todavía duele: «a la señora Anacaona, por hacerle honra, ahorcaron».

Con la fecha hay que tener cuidado. Oviedo sitúa la traición que se le atribuyó en el año 1503. Arranz Márquez fecha en 1504 el traslado de Anacaona a Santo Domingo, donde fue juzgada y ahorcada tres meses después. Por eso unos libros dicen 1503 y otros 1504. Lo honesto es escribir que la matanza de Jaragua fue en 1503 según Oviedo y que su ejecución en Santo Domingo cae entre 1503 y 1504, según la fuente. Si caminas hoy por la capital, nuestra guía de Santo Domingo te lleva a la ciudad donde pasó.

Los indígenas que escaparon huyeron a una isla cercana, que Arranz Márquez identifica con Guanabo, la actual Gonâve, en Haití. Las Casas cuenta que el gobernador condenó a la esclavitud a todos los que se pasaron a esa isla, por haber huido. Oviedo añade que un sobrino de Anacaona, el cacique Guaorocaya, se alzó en la sierra que él escribe Baoruco, y que lo persiguieron hasta prenderlo y ahorcarlo.

Oviedo menciona además a su hija, Aguaymota, que estaba con ella en la plaza aquel domingo.

Por qué se sigue hablando de ella

De los caciques de la isla, Anacaona es de las pocas mujeres con nombre propio, opiniones y decisiones en las crónicas. Negoció cuando otros pelearon y recibió con fiesta a quien llegó a matarla. Si te interesa ver de cerca lo que quedó de aquel mundo, en nuestra lista de museos y cultura están los lugares donde se guardan piezas taínas, y en nuestras historias vamos sumando a los demás protagonistas de aquellos años.

Del areíto de las trescientas doncellas quedó la escena. Las canciones se perdieron con los que las cantaban.

Fuentes: Luis Arranz Márquez, biografía de Anacaona, Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia · Luis Arranz Márquez, biografía de Caonabo, Real Academia de la Historia · Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, tomo I (ed. Real Academia de la Historia, 1851), libro III y libro V · Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destruición de las Indias (1552), los reinos de la Española · Las Casas, traducción inglesa de 1689 de la Brevísima relación, Project Gutenberg

Por Rafael Vásquez (Percha)

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