Batalla del 19 de marzo de 1844 en Azua: lo que pasó

Lunes 19 de octubre de 2026

Portada azul de Orejita con la pregunta por qué se retiraron después de ganar, sobre la batalla del 19 de marzo de 1844 en Azua

Tres semanas después del trabucazo de la Puerta de la Misericordia, la República ya tenía junta de gobierno, y el ejército haitiano ya venía entrando por la frontera. Lo que pasó el 19 de marzo de 1844 frente a Azua fue la primera gran prueba de que aquella independencia podía sostenerse. Y también fue el comienzo de una discusión que dura hasta hoy: qué hizo el general en jefe después de ganar.

La fuente principal de este relato es el Compendio de la historia de Santo Domingo de José Gabriel García, en su tomo segundo, que se publicó en 1894. García escribía con opiniones fuertes, y aquí se las vamos a respetar con su nombre.

El ejército que venía del oeste

El presidente de Haití, Charles Hérard, se hizo autorizar por decreto del 4 de marzo para marchar sobre la parte del este con todas las fuerzas que pudiera reunir. Según García, la invasión entró por las dos fronteras. Por el norte venía el general Pierrot. Por el sur, el ejército se dividió en dos columnas: una por el lado de Neiba, al mando del general Souffront, y otra por el camino de Las Matas, que dirigía Hérard en persona.

En Santo Domingo, la Junta Central Gubernativa mandó a reunir en Azua las tropas del sur, por ser el lugar más apropiado para el cuartel general, y encargó al general Ramón Mella preparar las del norte. Al frente del ejército del sur quedó el general Pedro Santana, que había llegado a la capital con tropas de los pueblos del este.

Antes de Azua: la Fuente del Rodeo

El primer choque no fue en Azua. El coronel haitiano Auguste Brouat reunió gendarmes y milicianos y se enfrentó en La Fuente del Rodeo, cerca de Neiba, a los patriotas de Fernando Tavera. Brouat tuvo que abandonar el campo, y Tavera salió herido. García llamó a esa acción el verdadero bautismo de sangre de la República.

Pero los segundos de Tavera, Vicente Noble y Dionisio Reyes, según García, se entretuvieron en vez de ocupar el pueblo. Eso le dio tiempo a Brouat de traer refuerzos y hacerlos replegar en Las Cabezas de las Marías, con lo que aseguró Neiba. El día 18 la vanguardia de Souffront dispersó en Las Hicoteas a las primeras tropas que habían salido de la capital, y ese mismo día Hérard, que ya había tomado San Juan, derrotó a los puestos avanzados que cuidaban el paso del río Jura. Al día siguiente estaba frente a Azua.

El 19 de marzo: tres caminos y dos cañones

En Azua esperaba un ejército improvisado, hecho con los hombres que habían mandado los pueblos del sur. García reconoce que era la primera vez que Santana dirigía operaciones militares y que sus disposiciones no correspondían con exactitud a lo que pedía el arte de la guerra. Pero había ánimo, y había oficiales que dieron el ejemplo. García nombra, entre otros, a Antonio Duvergé, Feliciano Martínez, Manuel Mora, Juan Esteban Ceara, Vicente Noble y Matías de Vargas, la mayoría hombres que después se destacaron en la guerra de la separación.

La artillería eran dos cañones mal montados pero bien dirigidos: uno por Francisco Soñé y otro por el teniente José del Carmen García. El terreno no tenía defensas naturales y no había medios para fortificarlo, así que las tropas formaron en batalla a pie firme. Según García, todo favorecía al enemigo, que era superior en número.

Los haitianos atacaron por tres puntos: el camino de San Juan, Los Conucos y El Barro. Avanzaban en columnas, ganando y perdiendo terreno, disparando de frente y de flanco. La defensa aguantó. Los primeros en retirarse fueron los del camino de San Juan, aterrorizados, dice García, por los efectos del cañón. Después cayeron los de Los Conucos. Los últimos fueron los de El Barro, los que más resistieron, y dejaron el campo sembrado de cadáveres y despojos. El ejército haitiano fue a acampar a la orilla derecha del río Jura.

Una aclaración para la tarea: García no da cifras de muertos ni de combatientes en este pasaje. Las que circulan en internet varían mucho de una página a otra, así que si las usas, pon de dónde salen.

La retirada a Baní: la parte que no se celebra

Aquí García se pone duro. Escribe que, si el general en jefe hubiera estado a la altura, habría mandado gente a perseguir al enemigo o al menos a vigilarlo. En lugar de eso, Santana convocó una junta de guerra y, aunque hubo opiniones contrarias, ordenó retirarse durante la noche. Y la retirada fue tan desordenada que dos sargentos panaderos de la tropa, Jacinto Gatón y Félix Collet, se dieron cuenta al amanecer, porque se encontraron solos en el pueblo.

Años después, en 1853, Santana le echó la culpa de la retirada a Buenaventura Báez. Báez respondió que eso era mentira, que él creía segura la victoria si se usaba la caballería y que Santana lo había mandado a la capital a buscar municiones para quitarlo del medio. García concluye que la retirada no se justificaba. Según él, el ejército haitiano esperó tres días o más en orden de marcha y, al ver que nadie lo atacaba, entró a tambor batiente en la plaza abandonada.

El ejército se replegó a Baní. La retirada causó consternación en la capital. El 21 de marzo la Junta dispuso que Juan Pablo Duarte, que había llegado al país el día 14, fuera a Baní con una columna al mando de Pedro Alejandrino Pina, para cooperar con Santana. No se entendieron: Duarte quería atacar y Santana prefería quedarse a la defensiva. El 4 de abril la Junta llamó a Duarte de vuelta a la capital.

Cómo terminó la invasión del sur

No terminó con otra batalla. Terminó en Haití. Según García, en abril el general Pierrot inició en el norte de Haití un movimiento contra Hérard, y el 1 de mayo estalló una revolución en el sur y el oeste de ese país. Hérard abandonó sus planes y su ejército dejó Azua el día 9, reduciéndola a cenizas, y se retiró a marchas forzadas quemando pueblos por el camino.

Del 19 de marzo nació el prestigio militar de Santana. Lo dice hasta un estudio reciente del Archivo General de la Nación, escrito por un militar español, que lo llama el héroe nacional surgido de aquella invasión. Para García, la victoria fue de los soldados y oficiales del sur.

Si vas hoy a Azua, mira el pronóstico antes, que el sol de Azua no perdona. Y la fecha que puso en marcha todo esto, el 27 de febrero, está en nuestro calendario de feriados.

Ganaron en el campo y se retiraron de noche. Los dos hechos son del mismo día.

Fuentes: José Gabriel García, Compendio de la historia de Santo Domingo, tomo II (1894), capítulo sobre la invasión de 1844 · Luis Alejandre Sintes, Dominicana: la anexión frustrada (1861-1865), Archivo General de la Nación (2023)

Por Rafael Vásquez (Percha)

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