Batalla del 30 de marzo de 1844: así se defendió Santiago

Lunes 19 de octubre de 2026

Portada azul de Orejita con la pregunta quién salvó a Santiago aquel 30 de marzo, sobre la batalla de 1844

Once días después de Azua, la guerra llegó al Cibao. El 30 de marzo de 1844, en la sabana frente a Santiago de los Caballeros, un ejército haitiano que venía del norte se estrelló contra unas trincheras recién cavadas y tres fuertes que llevaban por nombre las tres palabras del lema: Dios, Patria y Libertad. Lo curioso es que, pocos días antes, la defensa de la ciudad andaba en desbandada.

El relato que sigue sale del Compendio de la historia de Santo Domingo de José Gabriel García, tomo segundo, publicado en 1894. García lo cuenta con mucho detalle, y aquí lo seguimos con su nombre.

Una ciudad sin jefe

El 13 de marzo el presidente haitiano Charles Hérard le ordenó al general Pierrot avanzar sobre las comarcas del norte con el cuerpo de tropas que tenía reunido. Para frenarlo, el general Francisco Antonio Salcedo salió con una columna de quinientos hombres y acampó en Talanquera. Allí lo atacaron fuerzas superiores en número y tuvo que replegarse sobre Santiago.

En la ciudad la situación era un desorden. Según García, los generales Ramón Mella y Mena se fueron al mismo tiempo para San José de las Matas a reclutar gente, y dejaron todo el peso en Salcedo. El pánico empezó a correr hasta entre los batallones de guardia nacional de La Vega, Moca y San Francisco de Macorís que estaban concentrados en la plaza. El general Felipe Vásquez se hizo cargo y empezó a organizar la defensa, pero a las cuarenta y ocho horas decidió que era inútil y se volvió a La Vega.

García no le perdona ese paso: dice que abandonó el puesto de mayor peligro, del que se había hecho responsable por su propia voluntad.

Llega Imbert

El mando provisional del distrito y de las operaciones de Santiago se le confió al general José María Imbert, que había sido el jefe del movimiento separatista en Moca. En cuanto supo cómo estaban las cosas, llegó el 27 de marzo a hacerse cargo. García cuenta que la tropa, al sentir que por fin tenía un buen jefe, se acordó de la obediencia y se sometió a la disciplina. Moca, por cierto, es la cabecera de la provincia Espaillat.

Ya no había tiempo para salir al encuentro del enemigo. Había que esperarlo a pie firme. Imbert apuró los trabajos de los tres fuertes que se venían construyendo desde días antes, los de Dios, Patria y Libertad. Mandó cavar fosos al pie de cada uno y puso en cada fuerte una pieza de artillería. Envió al comandante Manuel María Frómeta y al doctor Bergés a vigilar al enemigo.

Entre las fuerzas con que contaba estaban el batallón La Flor, formado por la juventud de Santiago y mandado por el coronel Ángel Reyes; una compañía de Sabana Iglesia, al mando del capitán Fernando Valerio; y media brigada de artillería a cargo del capitán José María López.

El 30 de marzo, de las dos a las cinco de la tarde

El 29 de marzo Imbert ordenó al coronel Pedro Eugenio Pelletier, que había servido en el ejército francés, salir con cuatrocientos infantes a establecer un campo avanzado. No le dio tiempo. El 30, como a las nueve de la mañana, llegó el aviso de que los invasores ya venían.

Imbert le dio a Pelletier el mando de todas las tropas que cubrían las trincheras de la sabana. Puso la artillería en manos del capitán López y del teniente Dionisio Mieses. Cubrió los caminos con destacamentos, situó una guardia avanzada junto al cementerio viejo con la compañía de Valerio, encargada del camino del río por la Otra Banda, y dejó la retaguardia en el fuerte de San Luis, a las órdenes de Salcedo.

A eso de las dos de la tarde apareció el enemigo en dos cuerpos. El primero, precedido de caballería, cargó contra el ala izquierda, que creía más débil. Imbert la reforzó con la mitad de las tropas del centro, pero el entusiasmo fue tal que casi todos corrieron al mismo movimiento y dejaron sola la artillería. Pelletier tuvo que tapar el hueco con otro destacamento justo cuando el ataque se hacía general en toda la línea.

La línea no se rompió. Los haitianos se detuvieron, volvieron a atacar en columnas cerradas y fallaron otra vez. Entonces cargaron con casi todas sus fuerzas sobre el ala derecha, y muchos de sus soldados murieron al pie de los cañones. Por último avanzaron de frente contra toda la línea y fueron rechazados de nuevo, con grandes pérdidas. Hacia las cinco de la tarde suspendieron el fuego y mandaron un parlamentario.

Igual que con Azua, García no da cifras de muertos. Desconfía de las que encuentres sin fuente.

La negociación y la retirada de Pierrot

Esa noche, Imbert se reunió en mitad de la sabana con dos oficiales haitianos y acordaron suspender las hostilidades hasta el amanecer. El día 31 volvieron a hablar sin llegar a un arreglo definitivo. Los dominicanos dejaron claro que estaban dispuestos a vivir en paz con Haití y a comerciar con ella, pero no a renunciar a su independencia ni a su territorio. Pierrot decidió levantar el campo, y los vencedores le ofrecieron dejarlo retirarse sin molestarlo.

La retirada no fue tranquila. Según García, las divisiones haitianas cayeron en las emboscadas que les tenían puestas, entre Guayubín y Talanquera, unas fuerzas dominicanas que no sabían lo pactado, y sufrieron numerosas bajas.

García reparte los honores así: el coronel Ángel Reyes al frente del batallón La Flor, el capitán Valerio con su compañía, el coronel Toribio Ramírez con la gente de La Vega, el capitán José María López con la artillería y el coronel Pelletier, que secundó a Imbert sin dejar nada que desear.

Por qué importó tanto

Para García, esos triunfos reanimaron el espíritu público, que estaba muy golpeado por la retirada del ejército del sur a Baní después de la victoria de Azua. Después del 30 de marzo, escribe, ya muy pocos dudaban de que los dominicanos podían sostener la independencia que habían proclamado. Un estudio reciente publicado por el Archivo General de la Nación también pone juntas las dos fechas, el 19 de marzo en Azua y el 30 en Santiago, como las derrotas de aquella invasión.

Si vas a Santiago, nuestra guía te dice qué ver en la ciudad que defendieron aquella tarde. Y antes de salir, revisa el clima en Santiago.

Antes del 27 de marzo la plaza no tenía quién la mandara. El 30 la defendió.

Fuentes: José Gabriel García, Compendio de la historia de Santo Domingo, tomo II (1894), capítulo sobre la invasión de 1844 y la batalla de Santiago · Luis Alejandre Sintes, Dominicana: la anexión frustrada (1861-1865), Archivo General de la Nación (2023)

Por Rafael Vásquez (Percha)

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