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Cobró su premio de lotería con una máscara puesta

Miércoles 12 de agosto de 2026

En un hotel de Kingston, Jamaica, un hombre entró a recoger el cheque más grande de su vida vestido con abrigo largo, pantalón, guantes y una máscara blanca que le tapaba la cara completa. Posó para las fotos con el cheque en las manos. Nadie —ni los que se lo entregaron— le vio la cara.

La lotería lo identificó solo como A. Campbell. Se había ganado 158 millones de dólares jamaiquinos en el Super Lotto, algo así como un millón doscientos mil dólares americanos. Y esa foto, la del hombre enmascarado con el cheque, le dio la vuelta al mundo en 2019.

Un detalle para los que la reconocieron: la máscara es la de Scream, la película de 1996. Casi todo el mundo la asocia con Scary Movie porque ahí fue donde la vimos la mayoría, pero Scary Movie era la burla; la original es la otra.

Por qué se la puso

No fue una broma ni una campaña. Fue para que nadie supiera quién era.

Es exactamente el problema que se le vino encima a los ganadores que terminaron mal: no que les faltara dinero ni cabeza, sino que todo el mundo supo. Cuando el pueblo entero sabe quién ganó y cuánto, ya no hay manera de volver atrás. Este señor lo entendió antes de que le pasara, y resolvió con lo único que tenía a mano: taparse la cara.

Los 54 días

Este es el dato que más dice de todo el cuento, y casi nadie lo repite.

Campbell se tardó 54 días en ir a cobrar. Casi dos meses con el boleto ganador guardado. La lotería tenía tiempo pidiendo públicamente que el ganador se presentara, porque el plazo para reclamar se le vencía a los 90 días y estaban viendo cómo se acababa el tiempo.

O sea que ese hombre pasó dos meses sabiendo que era millonario y sin poder decírselo a nadie, calculando cómo hacerlo sin arruinarse la vida. Él mismo lo contó después, y es la parte que a uno se le queda: dijo que le dolió la cabeza tres días seguidos de tanto pensar, y que estuvo dos semanas con dolor de barriga. Que a veces el malestar era tanto que se le olvidaba que había ganado.

El dinero lo enfermó antes de hacerlo rico.

Y aquí, ¿se puede?

No. Y conviene saberlo antes, no después.

En República Dominicana el premio hay que ir a recogerlo en persona, entregando tus datos, y todo eso es público. No hay opción de reclamar por un tercero para no dar la cara, ni de pedir que no salga tu nombre. Hay acto, hay cheque grande de cartón, hay fotos, y al otro día tu nombre está en la prensa. Así funciona y no es negociable.

O sea que lo que hizo Campbell en Jamaica aquí no se puede hacer. Si te pegas algo grande, el país se va a enterar de quién eres.

Lo que sí está en tus manos es lo de antes: a quién se lo cuentas. Entre el momento en que uno se pega y el momento en que va a cobrar hay unos días, y esos días son los únicos en que la decisión todavía es tuya. Campbell usó 54 para pensarlo. Aquí ese rato es lo único que tienes, y se aprovecha decidiendo con quién hablas y con quién no — porque a partir del acto de entrega ya no lo decides tú.

Lo práctico, que es de aquí

Los premios se vencen. A Campbell le corrían 90 días. Aquí cada lotería tiene su plazo y no es infinito: un boleto ganador guardado en una gaveta se convierte en un papel cualquiera. Pensar con calma sí; dejarlo dormir, no.

El boleto original es el premio. No la foto del boleto, no el número apuntado: el papel. Guárdalo como se guarda un documento.

Y saber lo que va a quedar. Un premio de loto aquí paga 25% fijo y definitivo. La escala completa está en impuestos a los premios de lotería, y dónde y cómo se cobra según el monto, en cómo cobrar tu premio.

Lo demás —si te pones máscara o no— ya es cosa tuya.

Por Rafael Vásquez (Percha)

Director editorial de Remolacha.net y creador de Orejita.com. Supervisa que cada dato del sitio salga de su fuente oficial: las loterías, el Banco Central, el MICM y las demás instituciones. ¿Viste un error? Escríbele a rafael@orejita.com y se corrige.

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