Un domingo de diciembre de 1511, en la iglesia mayor de Santo Domingo, un fraile subió al púlpito con un papel firmado por todos sus compañeros y les dijo a los vecinos más importantes de la isla que estaban en pecado mortal. No por robar ni por mentir. Por la manera en que trataban a los indios. Ese sermón de fray Antón de Montesinos es, para la UNESCO, el comienzo de la lucha por los derechos fundamentales del ser humano. Vamos a ver qué se sabe de él y qué no.
Primero, el nombre
En las calles y en los libros de texto se le dice Antón de Montesinos. Bartolomé de las Casas, que lo conoció, lo escribe fray Antón Montesino, sin la ese final. El historiador Luis Arranz Márquez, en la biografía que hizo para la Real Academia de la Historia de España, lo registra como Antonio Montesino. Es la misma persona. Si en una tarea te lo corrigen, ya tienes con qué defenderte.
Según Arranz Márquez, nació hacia 1480, en un lugar que no se conoce. Era de la primera comunidad de dominicos que pasó a las Indias como misioneros, y embarcó hacia La Española bien entrado agosto de 1510, en el grupo que había gestionado fray Domingo de Mendoza. Las Casas añade que fue el segundo de los tres frailes que trajeron la orden a la isla.
Un sermón firmado por todos
Los dominicos llevaban poco más de un año en la isla y ya habían visto lo que pasaba con los indios en las encomiendas: maltratos, hambre, trabajo hasta morir en las minas. Lo discutieron entre ellos, con oraciones y ayunos, y decidieron decirlo desde el púlpito. El vicario de la comunidad, fray Pedro de Córdoba, ordenó que el primer sermón lo predicara Montesino, que según Las Casas tenía gracia para predicar y era muy colérico al reprender. El texto lo llevaba escrito y firmado por todos, para que nadie dijera que era idea de un solo fraile.
Escogieron el cuarto domingo de Adviento, que ese año cayó el 21 de diciembre, porque ese día se leía el pasaje del Evangelio de San Juan en que Juan el Bautista responde «Ego vox clamantis in deserto»: yo soy la voz que clama en el desierto. Y para que no faltara nadie, fueron casa por casa invitando al segundo Almirante, Diego Colón, que gobernaba la isla, a los oficiales del rey y a los letrados.
Lo que dijo, según el único que lo dejó escrito
El texto original del sermón no se conserva. Lo que tenemos es el resumen que escribió Las Casas en su Historia de las Indias, en el libro tercero. Arranz Márquez explica que, por las reacciones que provocó en la corte y por otros testigos, los historiadores coinciden en que Las Casas lo contó como fue.
Según ese resumen, Montesino se presentó como la voz de Cristo en el desierto de aquella isla y anunció que lo que iban a oír sería lo más duro y espantable que habían escuchado nunca. Les dijo que estaban en pecado mortal por la crueldad y la tiranía con que trataban a «estas inocentes gentes». Les preguntó con qué derecho los tenían en tan horrible servidumbre, con qué autoridad les habían hecho la guerra en sus tierras, por qué los dejaban morir de hambre y de trabajo por sacar oro. Y les lanzó la pregunta que quedó para la historia:
«¿Estos, no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales?» (fray Antón Montesino, según Bartolomé de las Casas)
Las Casas cuenta que dejó a unos atónitos, a otros más endurecidos y a algunos algo arrepentidos, pero a ninguno convertido. Montesino bajó del púlpito sin bajar la cabeza y se fue con su compañero a su casa de paja, donde a veces no tenían para comer más que caldo de berzas sin aceite. En la iglesia quedó tal murmullo que, según Las Casas, apenas dejaron terminar la misa.
La reacción: del almirante al rey
Ese mismo día, después de comer, los principales de la ciudad se reunieron en casa de Diego Colón y fueron a la casa de los frailes a exigir que el fraile se retractara. Fray Pedro de Córdoba los recibió y les respondió que el sermón era de todos. Quedó en que el domingo siguiente Montesino volvería a predicar. Volvió, pero en vez de desdecirse, confirmó su denuncia con nuevos argumentos.
Arranz Márquez explica que el sermón golpeaba por dos lados. Atacaba el sistema de la encomienda y las injusticias contra los indios, y además ponía en duda los títulos con que la Corona de Castilla reclamaba el Nuevo Mundo. Por eso llegó tan lejos.
El rey Fernando el Católico ordenó el 20 de marzo de 1512 que se mandara callar a los predicadores y que, si no obedecían, los embarcaran para España. Al mismo tiempo convocó en Burgos una junta de teólogos y juristas para estudiar el asunto. En la primavera de 1512, Montesino viajó a España junto con el franciscano Alonso del Espinar para participar en esas discusiones, de las que salieron las Leyes de Burgos de 1512 y 1513.
Las leyes mejoraron algo la situación de los indios, pero mantuvieron las encomiendas. Arranz Márquez lo resume como un triunfo, aunque no completo.
El oyente que cambió de bando
Entre los que estaban en la iglesia aquel domingo estaba un clérigo que tenía indios encomendados: Bartolomé de las Casas. Él mismo cuenta que andaba ocupado en sus granjerías, mandando indios a las minas como los demás, y que cuando quiso confesarse con un dominico, el fraile se negó a absolverlo por tener indios. Discutió, perdió la discusión y siguió igual un tiempo.
Tiempo después, ya en Cuba, preparando un sermón, leyó un pasaje del Eclesiástico que le cambió la vida. Renunció a sus indios ante el gobernador Diego Velázquez y se dedicó el resto de su vida a defenderlos. La semilla, según cuenta él mismo, venía de lo que había oído predicar a los dominicos en La Española.
Qué fue de Montesino
En 1514 lo enviaron a una misión en la costa de Paria, pero enfermó en Puerto Rico y no pudo seguir. Eso le salvó la vida: los compañeros que siguieron murieron en un asalto. En 1515 volvió a España con Las Casas. En 1526 se unió a la expedición de Lucas Vázquez de Ayllón por la costa de la Florida, que fracasó. Arranz Márquez escribe que se cree que murió asesinado en Venezuela hacia 1540, probablemente envenenado.
Si caminas por la capital, el sermón tiene su lugar en la memoria de la ciudad. La UNESCO, al describir la Ciudad Colonial de Santo Domingo como patrimonio de la humanidad, menciona el llamado de Montesino por el derecho natural de los indígenas entre los hechos que le dan valor universal. En nuestra guía de cultura y museos están los sitios de la zona para visitar con calma, y en un día como hoy repasamos otras fechas que marcaron al país.
Le pidieron que se retractara y volvió al púlpito a decir lo mismo. No hace falta más para entender por qué se le recuerda.
Fuentes: Luis Arranz Márquez, biografía de Antonio Montesino, Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia · Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, libro III, capítulos 3 y 4 (ed. de 1875, Project Gutenberg) · Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, libro III, capítulo 79 (ed. de 1875, Project Gutenberg) · UNESCO, Colonial City of Santo Domingo, declaración de valor universal excepcional
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