Miércoles 12 de agosto · 🔥 GLP RD$135.20 🎰 Powerball US$1,000M

Ganó 314 millones de dólares y lo perdió todo en 17 años

Miércoles 12 de agosto de 2026

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La frase con la que se le recuerda no la dijo el día que ganó. La dijo cinco años después: ojalá hubiera roto ese boleto.

Jack Whittaker compró el suyo en una gasolinera de Virginia Occidental unos días antes de la Navidad de 2002. El 25 de diciembre salieron sus números y se convirtió en el ganador del premio más grande que hasta entonces se había llevado una sola persona en la historia del Powerball: 314 millones de dólares. Pidió el pago de una vez, y después de impuestos le quedaron 113 millones.

Diecisiete años más tarde, cuando murió en 2020, casi todo eso se había ido. Y su historia es la que sale primero en cualquier idioma cuando alguien busca qué pasa después de un premio grande.

El dato que casi nadie cuenta

La versión fácil dice que un hombre humilde no supo qué hacer con tanto dinero. Es mentira, y por eso vale la pena contarlo.

Whittaker ya era millonario antes de ganar. Tenía una empresa de construcción especializada en instalación de tuberías de agua y alcantarillado, una de las grandes de su estado, y su fortuna se calculaba en 17 millones de dólares. No era un hombre que no supiera manejar dinero: era un empresario con décadas manejándolo.

O sea que la explicación cómoda —«le faltó educación financiera»— no explica nada. Lo que le pasó a Whittaker le pasó a pesar de saber. Y eso obliga a buscar la causa en otro sitio.

Lo que se le vino encima

Le robaron 545,000 dólares del carro. Le entraron a la casa y al negocio. Le llovieron demandas y peticiones de dinero de gente que no conocía. Repartió millones en donaciones —a iglesias, a una fundación que creó— y aun así el pueblo entero sabía quién era, dónde vivía y cuánto tenía.

Lo peor fue con su nieta. Brandi tenía 17 años y él le daba 2,000 dólares a la semana. Whittaker contó después que los amigos se le fueron acercando por el dinero y alejando de ella como persona, hasta que se quedó sola en medio de todo el mundo. Empezó a usar drogas. Desapareció el 9 de diciembre de 2004 y la encontraron muerta de una sobredosis. Años después murió también su hija.

Lo que de verdad cambió

No fue el dinero: ya tenía. Fue que todo el mundo supo.

En Virginia Occidental el nombre del ganador es público. Salió en el periódico, salió en televisión, y a partir de ahí cada persona que se le acercaba —vecino, primo, desconocido, novio de su nieta— sabía exactamente con quién estaba hablando. Eso no se arregla con educación financiera ni con un buen abogado. Es una situación nueva de la que no se puede salir.

Y por eso su historia sirve aquí y no solo allá. Aquí también la entrega es pública: hay ceremonia, hay cheque grande de cartón, hay fotos y hay nombre y apellido en la prensa. No es una crítica a nadie —es como funciona— pero es la parte que conviene tener clara antes de que a uno le toque.

Lo que sí se puede controlar

De la historia de Whittaker no se saca una moraleja de que no hay que jugar. Se sacan tres cosas prácticas, y las tres son de aquí:

Saber lo que va a quedar. Un premio de loto en República Dominicana no llega completo: paga 25% fijo y definitivo, sobre el monto entero. El titular del periódico nunca es el tamaño del cheque. La escala, con la ley detrás, está en impuestos a los premios de lotería.

Saber qué hacer el primer día. El boleto original, la cédula, y saber a dónde hay que ir según el monto — porque los premios grandes no se cobran en la banca de la esquina. Está en cómo cobrar tu premio.

Y saber lo que uno está jugando. Nadie se gana esto por estrategia. Whittaker no ganó por listo y no perdió por bruto. Cada sorteo empieza de cero, y la única decisión que uno controla de verdad es cuánto pone — que sea lo que sobra, no lo que hace falta.

Por Rafael Vásquez (Percha)

Director editorial de Remolacha.net y creador de Orejita.com. Supervisa que cada dato del sitio salga de su fuente oficial: las loterías, el Banco Central, el MICM y las demás instituciones. ¿Viste un error? Escríbele a rafael@orejita.com y se corrige.

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