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Todos los días, antes de que empiecen las clases, en cada escuela pública y cada colegio privado del país se canta el himno nacional. En la tanda de la mañana, en la de la tarde y en la de la noche. No es costumbre: lo manda el artículo 46 de la Ley 210-19.
Y si usted se para al lado y escucha con cuidado, va a notar algo: hay estrofas donde las voces bajan. No es que se les olvide la letra. Es que no saben qué están diciendo.
Pruebe usted mismo. ¿Qué es un pendón? ¿Qué quiere decir dolo y ardid? ¿Quién es el inconsulto caudillo? Son palabras que casi nadie usa desde hace cien años, metidas en un texto que se aprende de memoria a los siete años y que después nadie vuelve a explicar.
Así que vamos a explicarlo, con la letra oficial y las fechas comprobadas.
Cómo nació, y una cosa que no se puede afirmar
La idea fue del músico José Reyes, que le pidió unos versos patrióticos a varios escritores de la época. La letra que ganó fue la de Emilio Prud’Homme, que no había cumplido veintisiete años.
Ahora, si alguien le dice con seguridad que la música se escribió antes que la letra —o al revés—, desconfíe. Las fuentes oficiales se contradicen entre ellas: la Presidencia dice que Prud’Homme escribió versos «que acompañaran sus compases», mientras que la Guardia Presidencial cuenta que Prud’Homme escribió primero la letra y Reyes le puso música. Y el aviso de la época, publicado en El Eco de la Opinión el 16 de agosto de 1883, habla de «la música adaptada a él», o sea adaptada al texto. Nosotros no lo vamos a cerrar.
Se estrenó en una logia, y por un imprevisto
El estreno fue la noche del 17 de agosto de 1883, en la velada que organizó la prensa por el vigésimo aniversario de la Restauración. Se cantó en la Logia Esperanza número 9, en la calle Las Mercedes de la Zona Colonial.
Y no era ahí donde debía ser. La velada iba a celebrarse en el colegio San Luis Gonzaga, pero se murió un familiar del padre Francisco Xavier Billini y hubo que mudarla a última hora. La segunda ciudad donde se escuchó el himno fue Azua.
Los versos que cantamos son de catorce años después
Aquella primera letra tenía problemas. La propia Presidencia lo dice sin adornos: «contenían errores en referencias históricas y algunos defectos de métrica». Varios intelectuales la criticaron y hasta escribieron versos alternativos para la misma música.
En 1897, Prud’Homme publicó una versión corregida en el periódico El Teléfono. Esa acabó con la discusión y es la que se canta hoy.
Ese mismo año el presidente Ulises Heureaux mandó el proyecto de ley al Congreso y el himno empezó a usarse en todas las ocasiones oficiales. Pero a Heureaux lo asesinaron en 1899 antes de promulgarlo, y con el desorden político de principios de siglo el asunto quedó parado. El himno no fue oficial hasta la Ley No. 700, del 30 de mayo de 1934.
Lo que más se pregunta: el himno nunca dice «dominicano»
Léalo completo y búsquelo. No está. Ni «dominicano», ni «República Dominicana», ni «Santo Domingo».
Lo que dice es quisqueyanos, y lo dice tres veces. Sobre Quisqueya, conviene ser honesto: la tradición dice que así llamaban los taínos a la isla, pero quien primero lo escribió fue el cronista Pedro Mártir de Anglería, que nunca puso un pie aquí, y hay historiadores dominicanos que lo ponen en duda. Lo seguro es lo otro: Prud’Homme escogió una palabra que no era «dominicano», y la usó tres veces.
Estrofa por estrofa, en cristiano
«Y del mundo a la faz ostentemos nuestro invicto glorioso pendón» — a la faz del mundo es «delante del mundo, en su cara». Ostentar es mostrar con orgullo. Y un pendón es una bandera. Traducido: enseñémosle al mundo nuestra bandera, que nunca ha sido vencida.
«Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo indolente y servil» — indolente es el que no le duele nada, al que todo le da igual. Servil es el que se somete sin pelear. Es la línea más dura del himno y es un reproche, no un halago: dice que la libertad no se regala, se merece.
«Mas Quisqueya la indómita y brava» — indómita es la que no se deja domar.
«Que si dolo y ardid la expusieron de un intruso señor al desdén» — dolo es engaño con mala intención; ardid es artimaña, treta, una maña para conseguir algo. Desdén es desprecio. El intruso señor es el dominador haitiano.
«¡Las Carreras! ¡Beller!» — dos batallas de verdad, con fecha y sitio, y aquí hay un detalle que casi todos pasan por alto. Beller fue el 27 de octubre de 1845, en el Cerro de Beller, en Dajabón, en la línea noroeste. Las Carreras fue después, el 21 de abril de 1849, en un vallecito a orillas del río Ocoa, cerca de Baní, en lo que hoy es la provincia Peravia.
El detalle es este: las dos son posteriores a la Independencia de 1844. Así que cuando el himno habla del «intruso señor» seguido de esas dos batallas, no está cantando los veintidós años de antes: está cantando las campañas con que el país defendió lo que acababa de ganar.
«Y si pudo inconsulto caudillo de esas glorias el brillo empañar» — el himno no lo nombra, pero todo el mundo sabe de quién habla: el caudillo es Pedro Santana, que el 18 de marzo de 1861 proclamó la anexión del país a España. Inconsulto quiere decir «que no consultó a nadie». El himno nacional dominicano le reclama eso a un presidente dominicano.
«De la guerra se vio en Capotillo la bandera de fuego ondear» — Capotillo es un cerro en la línea noroeste. Ahí, el 16 de agosto de 1863, un grupo de hombres izó la bandera y empezó la Guerra de la Restauración.
«El soberbio león de Castilla» — el león es el escudo de España. Soberbio, orgulloso. Es una manera elegante de decir «los españoles se fueron».
«Do la patria se siente vivir» — do es simplemente donde, cortado para que cupiera en el verso. Es castellano antiguo, no tiene nada que ver con la nota musical, y de ahí sale media confusión de los muchachos.
«Y es su escudo invencible: el derecho; y es su lema: ser libre o morir» — el cierre. Y ojo al detalle: no dice que su escudo sean las armas. Dice que es el derecho.
Cuánto dura de verdad, y por qué nunca lo ha cantado entero
El himno son 48 versos, y se cuentan de dos maneras, las dos legítimas. Prud’Homme lo publicó en seis estrofas de ocho versos. Las instituciones y la ley lo cuentan hoy como un coro y once estrofas de cuatro. Es el mismo poema, partido distinto.
En los actos oficiales siempre se canta el mismo pedazo: el coro y las tres estrofas que le siguen —lo que en la cuenta de Prud’Homme son las dos primeras—. Completo duraría unos cuatro minutos y cuarto. El pedazo que todos nos sabemos, un minuto y veinticinco.
Por eso las estrofas de Capotillo y del león de Castilla casi nadie las ha cantado en su vida: existen, están en la ley, y no se cantan.
Preguntas que nos hacen
¿Cuándo se canta el himno en la escuela? Todos los días, antes de empezar las clases, en las tres tandas. Lo manda el artículo 46 de la Ley 210-19.
¿Quién escribió la letra y quién la música? La letra, Emilio Prud’Homme; la música, José Reyes. Cuál de los dos puso primero lo suyo es cosa que las fuentes no terminan de aclarar.
¿Desde cuándo es oficial? Desde la Ley No. 700, del 30 de mayo de 1934. Se venía cantando desde 1883 y se usaba oficialmente desde 1897.
¿Cuántas estrofas tiene? Cuarenta y ocho versos: seis estrofas de ocho, o un coro y once de cuatro, según cómo se cuenten.
Si le queda una duda de las que no están aquí, escríbanos por contacto y la añadimos.
Las fechas patrias de este año, con su día exacto, están en el calendario de feriados, y el resto del calendario escolar en la sección de educación.
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