Cuando alguien en el campo dice que va para el conuco, que se acueste en la hamaca o que le pasen el ají, está hablando un poquito en la lengua de la gente que vivía en esta isla antes de 1492. Los taínos no dejaron libros. Dejaron palabras, objetos de piedra y de madera, unas cuantas crónicas escritas por los que llegaron a quitarles la tierra y, según la genética reciente, algo en la sangre de mucha gente del Caribe. Vamos a contarlo con lo que se puede probar.
De dónde venían los que encontró Colón
Los estudios de ADN antiguo han cambiado bastante lo que se sabía. Un trabajo publicado en la revista Nature en 2021, con datos de 174 personas antiguas de Bahamas, Haití, República Dominicana, Puerto Rico, Curazao y Venezuela, concluyó que el Caribe se pobló hace unos 6,000 años. Mucho después, hace al menos 1,700 años, entró en las Antillas Mayores una población que usaba cerámica, emparentada con los pueblos de lengua arahuaca del noreste de Suramérica. Según ese estudio, esa gente reemplazó casi por completo los linajes de los primeros pobladores de La Española, y su ascendencia todavía se detecta en la región.
Otro estudio, en la revista PNAS en 2018, leyó el genoma de una mujer lucaya enterrada hace unos mil años en las Bahamas. Sus parientes genéticos más cercanos hoy son también hablantes de lenguas arahuacas del norte de Suramérica.
Los cacicazgos: cinco según las crónicas, más según los historiadores
La división que se aprende en la escuela viene de Bartolomé de las Casas. En su Brevísima relación, de 1552, escribió que la isla tenía cinco reinos grandes, cada uno con su rey:
- Maguá, que según él quería decir el reino de la Vega, con Guarionex.
- Marién, en el norte, donde mandaba Guacanagarí, el que recibió a Colón.
- Maguana, el de Caonabo, que tenía fama de ser el más poderoso.
- Jaragua, en el oeste, de Behechío y de su hermana Anacaona.
- Higüey, en el este, que Las Casas da a una reina vieja llamada Higuanamá.
Ojo con dos cosas. Otros cronistas ponen en Higüey a un cacique llamado Cayacoa, así que las listas no cuadran del todo. Y el historiador Luis Arranz Márquez, en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia de España, advierte que muchos historiadores actuales no aceptan esa división en cinco, porque la isla debió de tener una organización política más compleja, con otros grupos. El propio Las Casas reconocía que algunos señores de provincias apartadas no obedecían a ninguno de los cinco.
Cómo vivían, según lo que dejaron escrito los primeros en verlos
Cuando Bartolomé Colón llegó a Jaragua para cobrar tributo, Behechío, aconsejado por su hermana, prefirió pagar con lo que producía su tierra: algodón, pan de cazabe, maíz, hutías y pescado. Así lo cuenta Arranz Márquez a partir de las crónicas. El casabe era el pan de la isla, y sigue en la mesa dominicana, como recordamos en nuestra guía de gastronomía dominicana.
Gonzalo Fernández de Oviedo, que llegó a la isla años después, describió el areíto como lo que en España llamaban bailar cantando. Un guía cantaba un verso, el grupo lo repetía con los mismos pasos y así seguían tres o cuatro horas, a veces de un día para otro. Para Oviedo, en esos cantos los taínos guardaban su historia: las genealogías de los caciques, sus batallas y los buenos y malos tiempos. Eran, dice, su manera de tener libros.
La religión la conocemos sobre todo por fray Ramón Pané, un fraile jerónimo que vino en el segundo viaje de Colón. Empezó a escribir en 1496 y terminó entre 1498 y 1500. El historiador Sergio Botta, de la Universidad La Sapienza de Roma, lo considera el primer registro etnográfico hecho en América después del contacto europeo. Por esos escritos sabemos de los cemíes, imágenes de madera labrada a las que los taínos les tenían casa aparte. Quien quiera ver piezas taínas de cerca tiene opciones en nuestra lista de museos y cultura.
Las palabras que nos dejaron, comprobadas en el diccionario
Para no repetir listas de internet, revisé cada palabra en el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Estas aparecen marcadas como de origen indígena antillano, es decir, de las lenguas que se hablaban en estas islas:
- De la casa y el trabajo: bohío, batey, conuco, canoa, barbacoa, burén y cacique.
- De la comida: maíz, ají, maní, batata, guayaba, guanábana y mamey.
- De los animales y los árboles: iguana, hutía, jaiba, manatí, comején, caoba y ceiba.
Hay sorpresas. El diccionario dice que el origen de yuca es discutido, igual que el de macana. Y jagua, que suena tan de aquí, aparece como venida del náhuatl, la lengua de México. También vale la pena fijarse en cómo cambiaron los significados: para el diccionario, batey en República Dominicana es el plantel de un ingenio azucarero y también la barriada pobre que se forma alrededor; y el burén, la plancha para asar casabe, ya está marcado como palabra que se usa poco en Cuba y en nuestro país.
Qué pasó con ellos: las cifras y lo que se discute
Cuántos taínos había en 1492 nadie lo sabe. El historiador Noble David Cook, en un artículo de la Revista de Indias de 2003, recoge estimaciones que van desde unos 60,000 hasta casi ocho millones. La genética no ayuda a los números altos: el estudio de Nature de 2021 calcula poblaciones pequeñas y concluye que las cifras de cientos de miles para todo el Caribe son demasiado grandes.
Donde sí hay acuerdo, según Cook, es en lo que vino después. Miguel de Pasamonte informó unas 60,000 almas en 1508. Diego Colón contó 33,523 en 1510. El repartimiento de 1514 arrojó cerca de 26,334. Para 1518 y 1519 quedaban unos 18,000, y en 1542 no llegaban a 2,000.
Las causas se siguen discutiendo. Las encomiendas, que repartían a los indios entre los colonos para trabajar en minas y haciendas, aparecen en todos los estudios. Las enfermedades también, pero con matices: Francisco Guerra, de la Universidad de Alcalá, escribió en 1985 que la viruela no llegó a Santo Domingo hasta 1518, cuando la mayoría de los indígenas ya había muerto, y propuso una epidemia de influenza en 1493. Cook, por su parte, documenta enfermos desde los primeros meses del asentamiento.
Pero desaparecer como pueblo no es lo mismo que no dejar descendientes. El estudio de PNAS de 2018 encontró que el componente indígena de algunos genomas caribeños de hoy está muy emparentado con el de los taínos antiguos, lo que los autores llaman un elemento de continuidad entre los pueblos de antes del contacto y los de hoy. Si vas al este del país, donde estuvo Higüey, nuestra guía de Higüey te sirve de mapa.
Y la próxima vez que te comas un pedazo de casabe, piensa que esa palabra tiene más de quinientos años en la boca de esta isla.
Fuentes: Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destruición de las Indias (1552), capítulo de los reinos de la Española · Luis Arranz Márquez, biografía de Guacanagarí, Real Academia de la Historia · Luis Arranz Márquez, biografía de Anacaona, Real Academia de la Historia · Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, tomo I (ed. Real Academia de la Historia, 1851), libro V · Sergio Botta, La ausencia de los dioses taínos, Latinoamérica 57 (2013) · Diccionario de americanismos, ASALE (consultadas una por una las voces citadas) · Noble David Cook, ¿Una primera epidemia americana de viruela en 1493?, Revista de Indias 227 (2003) · Francisco Guerra, La epidemia americana de influenza en 1493, Revista de Indias 176 (1985) · Fernandes et al., A genetic history of the pre-contact Caribbean, Nature (2021) · Schroeder et al., Origins and genetic legacies of the Caribbean Taino, PNAS (2018)
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