| Entidad | Tasa | Cuota al mes | Créditos |
|---|---|---|---|
| Banreservas promedio RD$3,757,188 | 10,33% | RD$29,610 | 413 |
| Scotiabank promedio RD$6,472,084 | 11,56% | RD$32,117 | 30 |
| APAP promedio RD$5,116,287 | 11,86% | RD$32,740 | 313 |
| BHD promedio RD$5,460,405 | 12,22% | RD$33,494 | 72 |
| La Nacional promedio RD$4,724,411 | 12,40% | RD$33,873 | 59 |
| Banco Popular promedio RD$5,422,010 | 12,42% | RD$33,915 | 155 |
| Banco Santa Cruz promedio RD$4,093,667 | 12,58% | RD$34,254 | 43 |
| Asociación Cibao promedio RD$5,076,848 | 12,83% | RD$34,785 | 167 |
La cuota sale de la fórmula de cuota fija solo con la tasa: no incluye el gasto de cierre, los gastos legales ni los seguros (la cuenta completa está aquí). Cada tasa es el promedio de lo que esa entidad cobró ese mes, no una oferta.
Comprar casa en República Dominicana casi siempre pasa por un banco o por una asociación de ahorros y préstamos, y la tasa que quede escrita en ese contrato te va a acompañar quince o veinte años. Por eso conviene separar dos cosas que se parecen pero no son iguales: lo que una entidad anuncia en su tarifario y lo que esa misma entidad cobró de verdad en los créditos de vivienda que desembolsó.
Aquí encuentras las dos. Primero el promedio que cada entidad le reportó a la Superintendencia de Bancos en el último mes publicado, con la cantidad de créditos que hay detrás de ese número; después lo que dicen los tarifarios; y también por qué dos personas con el mismo sueldo salen de la misma sucursal con tasas distintas. Orejita no presta ni tramita préstamos: no pedimos datos personales ni le pasamos solicitudes a nadie.
En julio de 2026, 8 entidades desembolsaron 1,252 créditos de este tipo en pesos, y la tasa que cobraron no se parece de una a otra. Banreservas fue la más barata con 10,33 % y Asociación Cibao la más cara con 12,83 %: 2,50 puntos de diferencia entre una y otra. La mitad del mercado se movió por debajo de 12,31 %.
Puesto en dinero: sobre RD$3,500,000 a 20 años, la cuota con la tasa más baja sale en RD$34,545 al mes y con la más alta en RD$40,582. Son RD$6,037 de diferencia cada mes, RD$1,448,995 en todo el préstamo, por el mismo dinero prestado.
El porcentaje que reporta cada entidad es un promedio ponderado por monto. Eso quiere decir que un solo desembolso grande pesa más en el resultado que veinte préstamos chiquitos, así que el número retrata la cartera de vivienda que esa institución colocó en el mes, no la tasa que te van a poner a ti en ventanilla.
Dentro de una misma entidad la tasa se mueve por cosas bien concretas. Cuánto pones de inicial, porque mientras más dinero tuyo entra, menos arriesga el que presta. Tu historial en el buró de crédito y si has quedado mal en alguna cuota. Si cobras la nómina en esa institución. El plazo, porque veinte años no cuestan lo mismo que diez. Y los ingresos que puedas comprobar con papeles, no los que digas de palabra.
Después está el tamaño del crédito, que explica buena parte de la distancia entre una entidad y otra. Analizar un expediente, tasar el inmueble, revisar el título y montar el cierre cuesta casi lo mismo si el préstamo es chiquito que si es grande. La institución que coloca montos mayores reparte ese costo fijo entre más pesos prestados y puede cobrar menos por cada uno; la que se especializa en créditos pequeños carga ese mismo gasto sobre una deuda más corta y el porcentaje le sale más alto.
También pesa de dónde sale el dinero que prestan. Una entidad que se fondea con cuentas de ahorro y nóminas paga poco por esos fondos. La que depende de certificados financieros a plazo tiene que pagar más para captarlos, y ese costo termina apareciendo en la tasa del préstamo.
En vivienda no compiten solamente los bancos múltiples. Las asociaciones de ahorros y préstamos son otro tipo de institución: nacieron con una ley propia y con el encargo de financiar vivienda, no tienen accionistas repartiéndose dividendos y la Superintendencia de Bancos las supervisa con las mismas reglas y los mismos reportes obligatorios que a un banco.
Esa vocación se nota en cómo trabajan. La vivienda es su producto central y no una línea más del catálogo.
Ahora, volumen no es precio, y ahí es donde mucha gente se enreda. Que una entidad dé muchos préstamos de vivienda habla del apetito que tiene por ese producto y del tipo de cliente que atiende, no de que su promedio sea de los bajos.
Los tarifarios publican la tasa con la palabra «desde» delante, y esa palabrita carga con todo el peso. Scotiabank, en su tarifario a julio de 2026, anuncia el hipotecario en pesos desde 12.15%. APAP anuncia el suyo desde 12.50%. Banreservas publica tasas de referencia actualizadas en junio de 2026 y ahí el hipotecario aparece desde 13.14%, con una tasa anual efectiva de 14.06%.
Ese «desde» es el piso teórico: la tasa que la entidad está dispuesta a dar al perfil que más le conviene, casi siempre alguien con nómina en la casa, historial limpio, inicial alto y un inmueble fácil de vender si algo sale mal. Es una tasa que apunta hacia adelante, para el crédito que todavía no se ha dado.
El dato de la Superintendencia mira para atrás. Es lo que la entidad cobró en promedio, ponderado por monto, en créditos que ya se desembolsaron y ya están en su cartera. Por eso las dos cifras pueden no coincidir sin que nadie esté mintiendo: una es lo que se ofrece y la otra es lo que pasó.
Ninguna de las dos es una oferta para ti. La oferta en firme de una entidad viene por escrito y trae la tasa nominal, la tasa anual efectiva, si es fija o revisable, cada cuánto se revisa y contra qué indicador se mueve. Eso es lo que se puede poner al lado de la oferta de otra para compararlas de verdad.
En los reportes oficiales no existe una sola casilla que diga «hipotecario». La adquisición de la vivienda del deudor, que es la casa o el apartamento donde vas a vivir, va por un lado. La segunda vivienda o vivienda de veraneo va por otro. La construcción y remodelación tiene la suya. Y la compra de solares es una cuarta categoría. Son productos distintos, con condiciones distintas y tasas distintas, así que el número de uno no se puede arrastrar al otro.
En la segunda vivienda la entidad parte de un supuesto incómodo pero razonable: si las cosas se ponen duras, esa es la propiedad que sueltas primero. Eso se traduce en más inicial, plazos más cortos y otra tasa. Lo mismo pasa cuando el inmueble se compra para alquilarlo.
La construcción funciona distinto por dentro. El dinero no cae completo el primer día: se desembolsa por partidas, contra el avance de la obra que revisa un ingeniero, y mientras tanto se pagan intereses solo sobre lo que ya salió. Cuando la casa está terminada, muchas entidades convierten el saldo en un hipotecario de plazo largo, y ahí se fija la tasa que vas a pagar los años que vienen.
El solar pelado es harina de otro costal. Es un terreno sin nada construido encima, y esa garantía se vende peor y más lento si hay que ejecutarla, así que la entidad la mira con otros ojos y le pone sus propias condiciones.
El Banco Central publica todos los días la tasa activa promedio de los bancos múltiples, y ese número sí llega hasta esta semana. El último día publicado es el 8 de octubre de 2026, con 14,23 %. El promedio de octubre va en 13,97 %, contra 13,65 % de septiembre: subió 0,32 puntos.
Ese promedio se abre por plazo, y ahí se ve algo que conviene saber antes de pedir: a menos de 90 días la tasa iba en 11,82 % y a más de cinco años en 14,51 %. El plazo no es un detalle del papeleo, es parte del precio.
Un préstamo con el inmueble hipotecado se paga más barato que uno personal para gastos, y la razón no es la simpatía del banco. Detrás del hipotecario hay una propiedad con la hipoteca inscrita a favor de la entidad hasta que termines de pagar. Si el crédito se cae, hay algo que ejecutar y algo que recuperar.
Un préstamo personal no tiene nada detrás más que tu firma. El que presta sabe que si eso se daña no hay bien que perseguir sin un pleito largo, y ese riesgo se cobra por adelantado, en la tasa, a todo el que firma. Por eso los rangos de un producto y del otro ni se parecen.
El plazo también empuja. Un hipotecario se estructura para durar quince o veinte años y se sostiene en una garantía que, en condiciones normales, no pierde valor con el tiempo. Un préstamo personal se paga en meses o en pocos años, sobre un monto más chiquito, y el costo de analizarlo y administrarlo pesa mucho más sobre cada peso prestado.
Un detalle que se pasa por alto: en un plazo largo, los primeros años de la cuota son casi todos intereses y muy poco capital. Por eso una diferencia que en el papel parece de unos decimales se convierte, sumada mes a mes durante dos décadas, en una cifra bien gorda.
El expediente de un hipotecario es más largo que el de un préstamo personal. Del lado tuyo piden cédula, carta de trabajo con sueldo y antigüedad, los estados de cuenta de los últimos meses y, si trabajas por tu cuenta, la declaración de impuestos y los movimientos del negocio. Ahí entra también la consulta al buró de crédito, que la entidad hace sí o sí.
Del lado del inmueble el trámite corre aparte y a veces más lento. Hace falta el certificado de título, la verificación de que esté limpio de cargas y gravámenes, el deslinde en regla cuando aplica y una tasación hecha por un tasador que la entidad acepte. Si el apartamento está en construcción, entran además el fideicomiso o el contrato con la constructora y el calendario de desembolsos.
Cuando el inmueble pertenece a un proyecto que esa misma entidad ya financió, buena parte de esa revisión está hecha desde antes y el proceso corre más rápido. Cuando es una compra entre particulares, con un título viejo o con una sucesión sin resolver, ahí es donde se atrasa o se cae la mayoría de los casos.
La cuota que te descuentan casi nunca es solo capital e intereses. Encima van dos seguros que la entidad exige mientras exista la deuda: uno de vida sobre el saldo, que cancela el préstamo si el deudor fallece, y uno de incendio y líneas aliadas sobre el inmueble. Los dos suelen cobrarse dentro de la misma cuota mensual, así que la letra real sale por encima de lo que da cualquier calculadora de internet.
Esa es una de las razones por las que la tasa anual efectiva aparece más alta que la nominal. Banreservas, por ejemplo, publica el hipotecario desde 13.14% con una tasa anual efectiva de 14.06% en sus tasas de referencia actualizadas en junio de 2026. La tasa anual efectiva mete las comisiones y los cargos dentro del porcentaje para que dos ofertas se puedan poner en la misma balanza.
Aparte de la cuota están los gastos de una sola vez, los del cierre: tasación del inmueble, estudio de título, honorarios legales, gastos de registro y comisión de formalización. Salen de tu bolsillo al principio y no aparecen en ningún porcentaje del anuncio.
Y está el impuesto. La transferencia de un inmueble paga un impuesto sobre el valor que le tase la Dirección General de Impuestos Internos, y una vez que la propiedad queda a tu nombre puede entrar el Impuesto al Patrimonio Inmobiliario, que se cobra cada año sobre el excedente de un monto exento. Las tarifas y el monto exento que estén vigentes se publican en el portal de la DGII, no en el volante de la constructora.
La Ley 189-11, de Desarrollo del Mercado Hipotecario y el Fideicomiso, creó un bono para la vivienda de bajo costo. Lo que hace es devolver el ITBIS pagado en los materiales e insumos de la construcción, y ese monto se aplica al inicial del comprador. No toca la tasa del préstamo: rebaja lo que tienes que reunir para poder entrar.
El tope de precio que define cuál vivienda entra como de bajo costo se actualiza y lo publica el Ministerio de Hacienda. Ese es el número que hay que mirar antes de ilusionarse, porque un proyecto que calificaba hace unos años puede quedar fuera hoy.
El trámite no lo haces tú solo. Lo arma la constructora o el fideicomiso del proyecto ante Hacienda, y a ti te llega ya aplicado en el cierre. Cuando un proyecto se anuncia como vivienda de bajo costo, la constancia de que está calificado y el monto del bono que toca en tu unidad son documentos que la constructora tiene en la mano.
Por el lado del Estado corren aparte los programas del Instituto Nacional de la Vivienda y los planes nacionales de vivienda, con sus propias reglas de ingreso, inscripción y adjudicación. Eso no pasa por el préstamo bancario y se consulta en los portales oficiales del gobierno.
Todo lo que ves aquí sale de estos portales oficiales. Entra y compruébalo tú mismo:
SIMBAD, portal estadístico de la Superintendencia de Bancos → Superintendencia de Bancos de la República Dominicana → ProUsuario, oficina de protección al usuario financiero → Banco Central de la República Dominicana → Ministerio de Hacienda → Dirección General de Impuestos Internos (DGII) → Instituto Nacional de la Vivienda (INVI) → Banreservas, tasas de referencia oficiales → Scotiabank República Dominicana, tarifario oficial → APAP, sitio oficial →Nadie puede prometerte eso, y menos una página. Lo que ves ahí es el promedio ponderado de los créditos de vivienda que cada entidad desembolsó en el mes, no una oferta abierta al público. Tu número sale de tu historial de crédito, de los ingresos que puedas comprobar con papeles, de cuánto pongas de inicial, del plazo que pidas y de si tienes nómina o relación previa con esa institución.
Porque miden cosas distintas. El «desde» es el piso que la entidad anuncia para su mejor perfil y apunta hacia adelante, al crédito que todavía no ha dado. El promedio de la Superintendencia mira para atrás: es lo que cobró, ponderado por monto, en créditos que ya salieron. Cuando en un mes entran pocos préstamos pero grandes y con condiciones especiales, el promedio se puede mover bastante sin que nadie esté mintiendo.
La tasa anual efectiva mete dentro del porcentaje las comisiones, los cargos y la forma en que se capitalizan los intereses, no solo la tasa nominal. Por eso Banreservas publica el hipotecario desde 13.14% con una tasa anual efectiva de 14.06% en sus tasas de referencia actualizadas en junio de 2026. Cuando se comparan dos ofertas, la efectiva es la que las pone en igualdad de condiciones; la nominal sola se queda corta.
No. En los reportes oficiales, la adquisición de la vivienda del deudor, la segunda vivienda o de veraneo, la construcción y remodelación y la compra de solares son categorías separadas, con condiciones y tasas propias. La construcción se desembolsa por partidas contra el avance de la obra y muchas veces se convierte en hipotecario cuando la casa está terminada.
Dos seguros que se cobran mientras dure la deuda: el de vida sobre el saldo y el de incendio y líneas aliadas sobre el inmueble. Los dos suelen ir dentro de la misma cuota mensual. Aparte, y de una sola vez al cerrar, van la tasación, el estudio de título, los honorarios legales, el registro y la comisión de formalización, más el impuesto de transferencia que se calcula sobre el valor que tase la DGII.
No. El bono de la Ley 189-11 devuelve el ITBIS pagado en los insumos de construcción de viviendas de bajo costo y ese monto se aplica al inicial, así que reduce lo que tienes que reunir para entrar, no el porcentaje que pagas después. El tope de precio para calificar lo publica el Ministerio de Hacienda, y el trámite lo arma la constructora o el fideicomiso del proyecto.
El promedio por entidad es mensual: la Superintendencia de Bancos lo publica en SIMBAD con unos tres meses de rezago, así que el mes que aparece fechado al lado es el último cerrado. El promedio de todo el sistema que publica el Banco Central sí es diario, pero mezcla todos los tipos de préstamo, no solo los de vivienda, y no trae nombres de entidades.
No. Orejita no es un banco ni una oficina del gobierno, no presta dinero y no tramita solicitudes. No pedimos datos personales, no cobramos por gestionar nada y no le pasamos tu información a ninguna entidad.
Orejita es un sitio informativo independiente. No somos un banco ni el gobierno, no damos préstamos, no gestionamos solicitudes y no pedimos ni guardamos ningún dato tuyo: aquí no hay un solo casillero para escribir la cédula. Las tasas son las que publican la Superintendencia de Bancos y el Banco Central; la que te ofrezcan a ti depende de tu perfil.